Franco Quezada habla de “revancha” y reactiva su proyecto político

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El exalcalde de Loja vuelve al escenario electoral con un discurso marcado por su remoción del cargo, decisión que continúa calificando como injusta. Mientras evita una campaña estridente, mantiene presencia territorial y busca reposicionarse ante el electorado.

La frase “vamos por la revancha” comienza a marcar el discurso político de Franco Quezada dentro del nuevo proceso electoral. El exalcalde de Loja utiliza esta expresión para referirse a su retorno a la contienda, después de haber sido separado del cargo mediante un proceso de remoción que él ha calificado reiteradamente como injusto.

Más que una expresión deportiva, la palabra “revancha” busca instalar una narrativa política: Quezada pretende que sean los ciudadanos quienes evalúen nuevamente su gestión y decidan en las urnas si merece recuperar el espacio que perdió antes de concluir el periodo para el cual fue elegido.

Por ahora, su estrategia se desarrolla con bajo perfil. Sin grandes publicidades o exposiciones permanentes en medios, el exalcalde Quezada mantiene una campaña silenciosa con una presencia de público bastante interesante, basada principalmente en acercamientos ciudadanos, reuniones políticas y presencia en distintos sectores del cantón.

El mensaje intenta conectar especialmente con quienes consideran que su salida de la Alcaldía no respondió exclusivamente a una evaluación administrativa, sino también a una disputa política dentro del Concejo Municipal. Sin embargo, la remoción continúa generando posiciones divididas: mientras sus simpatizantes hablan de una decisión injusta, sus críticos defienden el procedimiento adoptado en su momento.

La eventual participación de Quezada convierte su pasado inmediato en el eje central de su campaña. Su principal desafío será demostrar que la denominada “revancha” no representa únicamente una confrontación con sus adversarios, sino una propuesta concreta para atender los problemas actuales del cantón Loja.

Con una estrategia discreta, pero cargada de simbolismo, Franco Quezada comienza a mover sus fichas. La última palabra, como él mismo intenta posicionar, estará nuevamente en manos de los electores.

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