Según la actualización del NOAA/CPC del pasado 13 de agosto de 2026, existe una Advertencia de El Niño y el fenómeno se está fortaleciendo. Las temperaturas superficiales del Pacífico ecuatorial oriental presentan anomalías superiores a +2 °C, mientras que el índice Niño 1+2 —particularmente importante para Ecuador y Perú— alcanzó aproximadamente +2,9 °C en julio. NOAA estima una probabilidad superior al 90 % de que se produzca un El Niño muy fuerte durante el otoño-invierno del hemisferio norte 2026-27.

Esto es especialmente relevante para Ecuador porque no todos los El Niño producen exactamente los mismos efectos. Para nuestro país importa mucho el calentamiento del Pacífico oriental, frente a Ecuador y Perú.

¿Qué podría significar para Ecuador?

El patrón que más preocupa es:

  • Costa: aumento de lluvias intensas, tormentas, inundaciones y desbordamiento de ríos.
  • Esmeraldas, Manabí, Guayas, Los Ríos, El Oro y Santa Elena: mayor exposición a inundaciones y deslizamientos, dependiendo de cómo evolucione el calentamiento oceánico.
  • Sierra: el comportamiento puede ser más variable; algunas zonas pueden experimentar déficits de lluvia mientras otras reciben precipitaciones intensas.
  • Amazonía: también puede haber cambios importantes en los patrones de precipitación.
  • Agricultura: exceso de agua, enfermedades de cultivos y pérdida de producción en algunas zonas; pero también posibles problemas de disponibilidad de agua en otras.
  • Pesca: el calentamiento del mar modifica la distribución y abundancia de especies marinas.
  • Infraestructura: carreteras, puentes, sistemas de alcantarillado y viviendas ubicadas en zonas vulnerables pueden verse afectados.

El propio INAMHI ha señalado que un nuevo El Niño representa para Ecuador riesgos de lluvias intensas, inundaciones y deslizamientos en la Costa, mientras que en la Sierra y Amazonía puede producirse el escenario contrario: déficits de precipitación y períodos de sequía.

¿Cuándo sería más preocupante?

Este punto es importante.

No significa que todo Ecuador vaya a inundarse inmediatamente. El impacto suele desarrollarse progresivamente y depende de la interacción entre el océano y la atmósfera.

Las previsiones y análisis publicados durante agosto apuntan a que los efectos más importantes podrían concentrarse hacia finales de 2026, especialmente durante la temporada lluviosa de la Costa. Un reporte reciente sobre Ecuador señala que las autoridades están vigilando particularmente el período octubre-diciembre de 2026.

De hecho, las lluvias fuertes que Ecuador experimentó en agosto no necesariamente fueron causadas directamente por El Niño; INAMHI descartó esa explicación para un episodio reciente de lluvias intensas. Esto demuestra por qué no conviene atribuir automáticamente cada lluvia o sequía al fenómeno.

¿Será como El Niño 1997-1998?

Todavía no se puede afirmar eso.

1997-98 fue uno de los episodios más extraordinarios registrados y tuvo consecuencias enormes para Ecuador. Comparar directamente 2026 con 1997-98 requiere esperar a ver cómo evolucionan las temperaturas del Pacífico, los vientos y la circulación atmosférica durante los próximos meses.

Lo que sí resulta preocupante es que los indicadores oceánicos actuales son fuertes y NOAA ya habla de una probabilidad >90 % de un evento muy fuerte.

Además, existe investigación científica reciente que apunta a que el calentamiento global está aumentando la intensidad de algunos eventos de El Niño. Un estudio publicado en Science utilizó registros de corales de Galápagos para reconstruir la evolución del fenómeno durante siglos y encontró señales de una intensificación considerable en la era moderna.

Por su parte en Loja, el Municipio y la Prefectura aseguran haber desarrollado planes de contingencia que contemplan acciones ante lluvias intensas, inundaciones, movimientos en masa y afectaciones a la red vial.

El Municipio prevé fortalecer el monitoreo de amenazas, sistemas de alerta temprana, mantenimiento de infraestructura y preparación de recursos para atender emergencias, mientras que la Prefectura mantiene maquinaria y equipos técnicos desplegados para intervenir en puntos críticos de las vías provinciales, especialmente ante posibles deslizamientos y problemas de drenaje.

Aunque la alerta no significa que Loja vaya a enfrentar de inmediato lluvias extremas, las autoridades deberán mantener vigilancia permanente y capacidad de respuesta. El desafío será convertir la planificación realizada durante los últimos meses en acciones oportunas para proteger a la población y garantizar la movilidad en la provincia.

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